Viernes negro…¡Black black!

Pasó el día, pasó la romería. El Black Friday nos ha dejado con unos cuantos euros de menos y unas cuantas, demasiadas, adquisiciones de más. El viernes negro, o mejor dicho, el día del consumismo irracional en su máxima expresión, tiene consecuencias nefastas no solo para nuestros bolsillos, sino también para el pequeño comercio. Ni que decir de las toneladas de basura y desechos que genera y que perjudican aún más a nuestro planeta. Entonces, ¿por qué seguimos año tras año cayendo en sus redes?

El valor de las cosas

Acciones marketinianas como estas, que salen de debajo de las piedras y que te convencen de lo que necesitas, y si ya lo tienes, necesitas más, sacan a relucir la parte más maleable del ser humano. Es más, creo que mucha gente pierde parte de su humanidad (o por lo menos la deja en casa conversando con la educación), y se transforma en marionetas, poseídas y dominadas por esa “necesidad material” cuando sale a comprar en esas fechas. Marionetas que sucumben inconscientemente a lo que les dicta el mercado.

Siempre me pregunto cuando empiezan estas “gangas” cuál es el valor real de lo que adquieres. Es decir, ¿lo que pagas por ese producto se corresponde al trabajo que hay detrás? ¿Cómo algo que costaba 100€ ahora vale 20€? ¿Qué es lo que pagas realmente por X producto? Para las grandes empresas, participar en estas acciones no les supone ningún problema, ya que cuentan con unos márgenes enormes, sin embargo, para el pequeño comercio, vender un producto por debajo de su valor se traduce en pérdidas. Y a la larga, en el peor de los casos, en acabar cerrando.

Es por ello, que resulta formidable que pequeños comerciantes le planten cara al sistema en el que, por desgracia, suelen salir ganando las grandes multinacionales, y todo lo que ello implica: producciones en masa, mano de obra barata… ¡Pero por algo hay que empezar! Comercios como Micuir en Madrid, o El Caballito del Marqués en Pontevedra son un ejemplo a seguir.

¿Consumidores más inteligentes o más infelices?

Lo que resulta realmente curioso de esta situación, es que ahora que se están normalizando temas como moda sostenible, que hay mayor consciencia sobre el reciclaje y defensa del medio ambiente, que se habla de compra consciente, que disponemos de un sinfín de información al respecto… cómo puede ser que el Black Friday funcione a la perfección. ¿Dónde están nuestros valores? ¿Se corresponde lo que decimos con lo que hacemos? ¿será que el consumismo nos está volviendo más miserables?

No digo que no puedas picar o comprar algo que necesites en acciones como estas, somos humanos y todos caemos (yo la primera). Solo digo, que pienses antes de lanzarte a lo loco a adquirir en masa, a tener más y más. Pregúntate, ¿lo necesitas?, ¿serás más feliz?

La respuesta a esta peliaguda pregunta la argumentaba López-Aranguren cuando sostenía que “buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada?”

La unión hace la fuerza: el poder del consumidor

Entonces, si el problema está en nosotros, la solución también. Nosotros, los consumidores, podríamos marcar la diferencia. Personalmente, adoro la moda, la adoro, la entiendo como una forma de expresión artística a través de la cual se deja entrever nuestra personalidad. Y defiendo la idea de que es totalmente posible optar por un consumo sostenible y comprar de manera consciente, apostar por prendas de calidad, buenas y duraderas, que definan tu estilo y que vayan más allá de lo que se lleva en el momento.

Un poco de muchos, hace un MUCHO, así que ¡tú decides!

Carla López Rodríguez

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