La falta de rumbo profesional

He leído y escuchado en muchas ocasiones hablar sobre la importancia de especializarse en algún campo o área para” triunfar” laboralmente -lo escribo entrecomillado porque para cada un@ de nosotr@s el hecho de triunfar implica diferentes variables (sobre este tema, os recomiendo este artículo sobre las palabras y sus connotaciones). 
Por ello siempre he sentido una especie de admiración hacia aquellas personas que saben lo que quieren ser, corrijo, a qué quieren dedicarse.
Después estamos el resto de los mortales, esos a los que nos gustan muchas cosas, que vamos probando, aprovechando lo que se nos va presentando y conociendo otros caminos.

Atención: tu trabajo no te define 

Muy a menudo se nos define -y lamentablemente se nos valora-  más por el qué hacemos que no por el qué somos. Basta con echarle un vistazo a nuestras descripciones en las redes sociales no profesionales, en las que nos presentamos definiendo lo que hacemos o aspiramos a hacer, en vez de diciendo quiénes somos. Quizás porque responder a esa pregunta sea más complicado que decir “soy secretario”.
¿Eres buena persona? ¿te gusta leer? ¿qué haces en tu tiempo libre? no importa, eso es secundario, y es que en una sociedad capitalista de valores caducos el ser buena persona no aporta nada, no da dinero. 

Esa búsqueda constante de éxito, el cual presuponemos que está ligado a nuestra profesión, al qué hacemos, sumado a esa necesidad de reconocimiento externo, nos conduce inevitablemente a compararnos con los demás- cuidado, ya dice el refranero, las comparaciones son odiosas- y a preguntarse ¿por qué esa persona sí y yo no?
Nos lleva, además, a exigirnos más, a producir más, a estar constantemente haciendo algo… ¿Qué pasaría si no hiciésemos nada? – otra lectura muy recomendada -. Ya lo puso de manifiesto el filósofo Byung-Chul Han “ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. Una afirmación, cuanto menos, inquietante y que da mucho que pensar.

En este punto, la cuestión es que si eres de esas personas que se siente sin rumbo o no realizada con su trabajo, estas comparaciones y pensamientos conducen a la frustración y a que creas que estás fracasando en tu empeño (os recomiendo el artículo sobre el fracaso como experiencia vital, para que veáis que se puede aprender mucho de él). ¿qué hacer entonces?

Las experiencias te nutren como persona

Es necesario un cambio de perspectiva, reflexionar sobre los propios valores y restablecer prioridades. Entender que todos los cambios (de empleo, de ciudad, de relaciones) que puedas experimentar te están enseñando un nuevo camino, te están dando pistas de lo que te gusta y de lo que no, te están demostrando que con constancia e ilusión eres capaz de aprender y sacar adelante cualquier nueva tarea, con todo lo que ello conlleva: enfrentarse a miedos, a situaciones de incertidumbre…

Por todo ello, no debemos ver esa falta de rumbo como un problema o como una situación que  genere ansiedad, sino como una fortaleza. Una fortaleza que demuestra que sigues avanzando, aprendiendo y desarrollando nuevas habilidades. Y quién sabe, quizás un día des con algo hipermegamotivador y te pases al bando de los primeros, o quizás sigas disfrutando de los diferentes caminos y rumbos. Ambas opciones son muy válidas.

Carla López Rodríguez

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