Cambiando enfoques: aceptar a rendirse

Aceptación, rendición y resignación, conceptos que, en muchas ocasiones, van de la mano, han estado últimamente rondando por mi mente, ya que por varios acontecimientos ajenos a mí siempre terminaba preguntándome ¿en qué punto aceptar una situación – que no nos gusta – significa rendirse?

En algún momento de nuestras vidas todos tenemos que lidiar con situaciones que no nos gustan, ¿pero cómo afrontarlas para salir airosos de ellas?, o cuanto menos, ¿para aprender de ellas sin que ellas nos destruyan? Hay que ser conscientes de que no podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, ya lo decía Heráclito de Éfeso, “el cambio es la única constante”. Lo único que podemos controlar es cómo afrontamos esas circunstancias. Nuestra actitud ante ellas.

Esperar a que las cosas cambien por sí solas o a que venga alguien y nos solucione los problemas, son opciones externas a nosotros, sobre las cuales no tenemos ningún control, y puede que hasta improbables, es decir, probablemente nos pasemos la vida esperando a que sucedan. Y ya sabemos que el que espera…

No dejes que nadie ajeno tenga poder ni capacidad sobre tu vida y decisiones, sino que ten la iniciativa y el valor (porque se necesita mucho valor) de pasar a la acción y utilizar todos los recursos que estén a tu alcance para aprender de cada etapa, para seguir avanzando y para tomar las riendas de tu vida.

Fácil decirlo, difícil hacerlo,

Identificar el problema: un caso real

Una vez que identificas el problema, es más sencillo ponerle solución. Sin embargo, esto no es una tarea nada fácil. El sincerarse con uno/a mismo/a, requiere de tiempo de reflexión – ¡y quién tiene tiempo en esta sociedad!- y de mucha sinceridad, ya que a veces lo que sale a la luz, no es nada bonito y nos negamos a verlo, oírlo, escucharlo, decirlo… Eso sí, una vez que detectes qué miedos tienes, aprender a resolverlos o a convivir con ellos en paz, será mucho más sencillo.

Busca la armonía: actúa como sientes, piensas y dices

En mi caso (la búsqueda de empleo me llevó a emigrar), tras una larga temporada chocando una y otra vez contra el mismo muro, comencé a preguntarme en qué estaba fallando o enfocando mal, ya que cada cierto tiempo la sensación de fracaso total (si no has leído el artículo de el fracaso como experiencia vital te lo recomiendo), la frustración volvía a mi presente y me dejaba K.O. durante unos días. Tras ellos, volvía  a tomar la determinación de volver a coger las riendas y seguir peleando para intentar labrarme un presente haciendo algo que me gusta. Alcanzar mis metas. Sin embargo, cada cierto tiempo, se repetía de nuevo el mismo patrón y volvíamos a empezar. Era cíclico. Estaba corriendo dentro de una rueda y tan siquiera conseguía moverme.

Pelear, fallar, fracasar… resulta que en esas palabras estaba la clave, es decir, el problema residía en cómo yo afrontaba o interpretaba mi realidad. Mi interior estaba luchando constantemente contra una situación que quería cambiar, pero ante la que no estaba haciendo nada al respecto. Estaba luchando contra mí como si yo fuera mi propia enemiga, ya que lo que pensaba, sentía, decía y cómo actuaba no se correspondían. Ello me producía tal agotamiento mental que se reflejaba en mi estado anímico: enfados, lloros, angustia y miedos aparecían más frecuentemente de lo deseado.

Hasta que un día, el bucle se cortó, más bien lo corté yo. Acepté mi situación como emigrante, acepté mi lucha interna, y me puse manos a la obra para estar en armonía conmigo misma. Hacer lo que sentía, pensaba y decía.

Be water, my friend!

Aceptar una situación que no nos gusta no tiene nada que ver con rendirse ni resignarse. Aceptar es fluir (Be Water, my friend), es ir aprendiendo del camino y de sus dificultades, porque, quién sabe, puede que sin esperarlo surjan nuevas oportunidades. Es seguir intentándolo y ampliar perspectivas para no ahogarnos en un vaso de agua.

Aceptar es cuestionarse los propios esquemas mentales y, a veces, desaprender lo aprendido (en este post puedes leer más sobre el tema). ¿Qué significa para ti?

Carla López Rodríguez