¿Volvemos?

Cuando llevas un tiempo viviendo en el extranjero, tu vida vuelve a recuperar esa rutina que al inicio echabas en falta. Los nombres de las calles ya te son conocidos, estás habituada al ritmo de vida… Podría decirse que tu proceso de integración va por el buen camino.

Muchas, después de un tiempo, hacen muy buenas amistades e, incluso, encuentran a su compañero/a de viaje. Sin embargo, la mayoría de los emigrantes tienen en su interior un pequeño vacío, una herida que se hicieron el día que dejaron su tierra, y escuchan, a veces más a menudo de lo que quisieran, una vocecita que siempre, siempre, les plantea el tema de regresar.

El jugar con esa idea de regresar al hogar, vuelve a tener de protagonista a la esperanza. Recordemos que la mayoría nos hemos ido porque no encontrábamos un empleo decente en nuestro país, y salimos con la esperanza de encontrar algo mejor y acorde con nuestra formación y expectativas.

Con esta “mochila” a las espaldas, llena de esperanzas, miedos y experiencias, llega un día en el que se te presenta la oportunidad de volver, y curiosamente te sorprendes viendo que tu reacción no era como la esperabas. En ese instante, te das cuenta de que esa idea tan anhelada de volver era, en parte, la que te hacía seguir peleando y luchando en tu segundo país. En este aspecto, la psicóloga Celia Arroyo habla del choque cultural inverso planteando el tema de volver como un proceso inesperado y desconcertante, ya que los que regresan no son las mismas personas que cuando se marcharon, sus valores se han transformado; como tampoco lo son ni su ciudad ni su gente, todos cambiamos.

En ese momento, te vuelven a asaltar dudas y miedos. Esos mismos miedos que aparecieron hace años cuando te planteabas marcharte. Un miedo que hace cuestionarte si en realidad quieres volver. Un miedo que se transforma en pereza y te hace pensar ¡ay otra mudanza!. Un miedo que se transforma en tristeza por dejar atrás lo bueno de tu nueva vida. Un miedo que te hace dudar de tus capacidades profesionales, ¿daré la talla?

¡Miedo, qué maldito eres!

Sin embargo, esta vez ya tienes experiencia, ser un emigrante supone vencer miedos, y sabes que todo lo que te propongas, lo consigues, y que si sale mal, te levantas y vuelves a intentarlo. Los años fuera te refuerzan, te hacen ver lo importante y ser agradecido. Aprendes que hacer planes no sirve de mucho, aprendes a interpretar las señales que te envía el destino y a afrontar lo que la vida te depara de frente y con ganas.

 

Carla López Rodríguez