¿Vives para trabajar o trabajas para vivir?

El dinero te esclaviza -empezar un artículo con una frase tan contundente da algo de impresión-, sin embargo, esta semana intentando definir mi situación actual, acabé preguntándome si trabajaba para vivir o vivía para trabajar. Como esta expresión siempre me ha generado bastante confusión, decidí definirla con mis palabras, para poder después responder “objetivamente”:

Vivir para trabajar. Implica que tu vida gira en torno al trabajo, podría decirse que eres un Workalcoholic, osea, un adicto al trabajo. Ya sea porque así lo quieres, es decir, eres un apasionado de lo que haces -generalmente este caso suele darse cuando eres el dueño de tu propio proyecto-. Menos común es si trabajas para una empresa, pero los hay también, trabajadores que se desviven por su empresa porque “sienten los colores”. Sea como fuere, te gusta lo que haces, hasta tal punto que no desconectas ni un segundo (véase que esto no es sano), Por otra parte, puede que no lo quieras, pero que circunstancias puntuales te lleven a verte con una dependencia excesiva al trabajo, quizás porque haya un ascenso cercano o porque pienses que te va a dar un mejor resultado en tu vida, profesional y personal. En este caso, tu esquema mental es

1º TRABAJO

2º vida

Trabajar para vivir. Como cualquier humano necesitas generar unos ingresos que te permitan vivir. Pero tienes muy claras tus prioridades y sabes que la vida es más que el trabajo. En este caso tu esquema es:

1º VIDA

2º trabajo

Y aquí radica el problema: aunque consideres que perteneces al segundo grupo, si analizas tu vida, ves que perteneces al primero. De casa al trabajo y del trabajo a casa, llegas tan cansada que no tienes energía para ver a aquel amigo al que le debes una cerveza desde hace un año, tu vida social se reduce a hablar con el del supermercado, tienes dolor, ya no solo hablamos del desgaste emocional y psicológico por el que estás pasando, sino que es físico, te duele el cuerpo. Y ves que, pasan los días y lo único que cambia es tu aspecto, más cansado y menos vivo. Estás esperando el momento idóneo (siento decirte que no hay momentos idóneos) para dejarlo, pero te ves con algunos eurillos ahorrados, eres consciente de lo difícil que está encontrar un trabajo decente y de lo mucho que te ha costado encontrar trabajo. Y sin quererlo, vives para trabajar, te guste o no lo que haces, has entrado en bucle. Sientes como el dinero te esclaviza, te consuelas pensando que no solo a ti, y te preguntas ¿merece la pena? ¿en qué momento pagar facturas, me va a pasar factura?

Carla López Rodríguez