Buscar trabajo siendo una emigrante: los problemas más comunes

Cuando una mujer emigra, lo hace, la gran mayoría de las veces, por motivos laborales. Se puede dar que en su país natal no encuentre empleo o que, a pesar de tenerlo, este no sea acorde a su formación y/o expectativas, y es que muchas se encuentran con barreras que les impiden avanzar y, por ello, toman la decisión de emprender una nueva aventura. Deciden salir de la zona de confort y emigrar, con la esperanza de encontrar EL TRABAJO de sus sueños o algo mínimamente relacionado con su formación o con lo que quieran hacer. Ese “algo” con lo que puedan sentirse realizadas.

Emigran, pues, porque no han tenido otra opción, y llegan a su nuevo destino con el corazón medio roto, por dejar atrás sus raíces, pero con la otra mitad palpitando fuerte porque en el fondo sienten que es la decisión adecuada.

Barreras de partida: El techo de cristal y el suelo pegajoso

En 1986 el Wall Street Journal publicó un artículo que por primera vez hablaba del techo de cristal (en inglés glass ceiling barriers). Este término hace referencia a las desigualdades y problemas a los que se enfrentan las mujeres en el ámbito laboral y que les impiden alcanzar o aspirar a posiciones de alta responsabilidad. Como resultado, mujeres muy capaces chocan una y otra vez contra una barrera invisible que les impide seguir avanzando dentro de su entorno profesional. Podría decirse que se encuentran en modo stand by.

A este fenómeno se le añade el suelo pegajoso, este término hace hincapié en las dificultades de las mujeres para aspirar a empleos con condiciones laborales dignas y que vayan más allá de las típicas ocupaciones “femeninas”, como son trabajos en comercio, hostelería, educación, actividades sanitarias y servicio doméstico.

La odisea de la búsqueda de empleo en el país de destino: Caso Austria

Una vez asentadas en el nuevo país, con sus ideas e ilusiones por bandera y con su plan de búsqueda de empleo diseñado al milímetro, se dan de bruces con la cruda realidad. Y es que, aunque Austria es uno de los países mejor posicionados y con menores tasas de desempleo de Europa, el encontrar trabajo es realmente complicado para las extranjeras.

Partiendo de las barreras ya mencionadas, las emigrantes tienen que lidiar con muchas otras:

– La primera y fundamental, el idioma. En caso de querer aspirar a un buen trabajo, una emigrante debe dominar el alemán. Lo mismo sucede aunque trabajes en una empresa internacional, el saber alemán es fundamental y clave para labrarse un futuro, o más bien, para tener un presente.

– La siguiente es el papeleo. Por una parte es necesario convalidar y/o adaptar la formación/educación a la del país de destino. Muchos estudios en Europa no llegan a complementarse al 100%, por ello las emigrantes, aun teniendo una extensa formación, deben hacer algunos cursos extra para poder equipararla la de aquí. A esto hay que sumarle temas de registros, traducciones y documentos laborales formales que conllevan una inversión económica y de tiempo importante. Una situación que es, cuanto menos, agotadora.

– Con un nivel de alemán intermedio-alto, las limitaciones siguen siendo palpables, especialmente si su formación pertenece al ámbito de las letras, humanidades o ciencias sociales. No suele ser así en las ingenieras que no tienen tantas dificultades a la hora de encontrar un empleo acorde con su formación y disponen de las mismas opciones de promoción que sus colegas austríacas. Pero esta no suele ser la tónica general.

– Otro dato bastante inquietante en Austria, facilitado por un consejero del AMS (es el equivalente a la oficina del paro en España), es que a más formación, resulta más difícil encontrar un empleo acorde con ella.

Los roba empleos  

La situación política de extremos que vive Austria, promueve la generalización de la falsa creencia de que los inmigrantes roban el empleo a los de casa, llegando a darse casos en lo que las empresas prefieren contratar, y hasta valoran mucho más, a los empleados austríacos, es decir, les dan oportunidades de desarrollarse profesionalmente. Sin embargo, no existen estudios que avalen esa idea, es más, en Austria, la contribución de los inmigrantes a la seguridad social es muy superior a las ayudas que reciben. Por ya no hablar de que su presencia enriquece y diversifica los ámbitos políticos, sociales y culturales de la sociedad.

Lamentablemente, esta situación conduce a muchas emigrantes, después de varios meses de búsqueda sin suerte, a buscar desesperadamente cualquier tipo de trabajo. Terminan aceptando lo primero que les ofrecen y realizando empleos que están muy, pero muy por debajo de sus aptitudes y capacidades. Una realidad frustrante e injusta de la que venían escapando en su país natal y en la que han vuelto a caer.

La esperanza es lo último que se pierde

Lamentablemente, hoy por hoy para la mayoría de las mujeres emigrantes, el techo de cristal y el suelo pegajoso y las citadas barreras siguen estando muy presentes. Sin embargo, existen muchos grupos y asociaciones que intentan reducir esta brecha y ofrecen ayuda y asesoramiento.

Si eres emigrante o estás pensando en emigrar, te advierto que no será fácil, y habrá momentos en los que quieras tirar la toalla, pero no caigas en la desilusión, la esperanza que te ha llevado a dar el paso está siempre ahí, y con resiliencia y trabajo duro, puedes conseguir grandes cosas. Intentarlo es de valientes.

Carla López Rodríguez


Nota de la autora: Aun echando piedras contra mi propio tejado, como emigrante que soy entiendo completamente la necesidad de conocer el idioma y de demostrar tu formación y capacidades. Sin embargo, aunque las que emigramos asumimos que nos vamos a encontrar con muchas dificultades, el camino burocrático debería ser más sencillo, ya que la mayoría de nosotras sólo queremos aportar al nuevo país.