Lo que no te dicen antes de emigrar: las no navidades

Una de las cosas que, de primeras, no se plantea alguien que decide emigrar, es el tema de la Navidad. Antes de seguir, necesito aclarar que para mí la Navidad, es TIEMPO. Tiempo rodeado de tus seres queridos, de tus personas, esas que forman parte de uno mismo, Es tiempo de compartir alegrías y penas mientras tomas un café, o unas cervezas, con aquellos amigos que sólo ves en esa época del año. Es tiempo de volver a tu hogar, de ver que tu habitación sigue igual que cuando la dejaste. Es tiempo de recordar qué hacías cuando eras pequeño y de acordarte, más si cabe, de esas personas que ya no están pero que siempre te acompañan. Es tiempo de ilusionarte y de pensar en todo lo bueno que te está esperando en el año que comienza.

Por todo ello, la Navidad es una época realmente difícil para los que vivimos fuera y no podemos volver a nuestro hogar.

Nadie te dice que vas a sentir una especie de vacío constante. Da igual que estés solo o rodeado de gente, da igual que tengas la agenda llena de planes para hacer lo que te gusta. Da igual. Hay un vacío dentro de ti que nunca se va a llenar. Está ahí.

Nadie te dice que habrá momentos de tristeza absoluta, de querer llorar, gritar. Momentos de rabia en los que culpes a la vida por injusta y en los que te culpes a ti mismo porque, en realidad, TÚ eres el que ha tomado la decisión de irte.

Nadie te lo dice, no.

Ser un emigrante es aceptar y superar límites constantemente, es caerte y levantarte. Es aprender continuamente. Aprendes a apreciar, a ser consciente de lo afortunado que eres por tener a personas que te quieren, que piensan en ti y que te apoyan incondicionalmente. Aprendes a valorar las pequeñas cosas, porque, en realidad, ellas hacen la vida GRANDE. Ser un emigrante es seguir creciendo, es conocerte mejor, es afrontar tus miedos y superar barreras.

Sigamos pues, creciendo, aprendiendo -estas son mis segundas “no navidades” y sigo aprendiendo- y llenándonos de experiencias.

¡Felices Fiestas!