La representación de la mujer en el arte contemporáneo

El pasado 8 de marzo las mujeres salieron nuevamente a las calles. Esa ocupación masiva del espacio público estuvo seguida (y en buena medida también precedida) por una ocupación masiva de otro tipo de espacios, no tan manifiestamente tangibles y tradicionalmente reservados a los hombres: hablamos de las portadas de los periódicos, las tertulias televisivas, los discursos radiofónicos, los artículos de las revistas, etc. Todos ellos, espacios de representación en los que históricamente la presencia de la mujer ha sido escasa, cuando no, inexistente.

Sin embargo, estos espacios de representación no son los únicos. Si ponemos el foco en la naturaleza de la representación femenina en el arte contemporáneo, en muchos aspectos la mujer sigue siendo relegada a la esfera personal de la vida doméstica. Un repaso por la historia del arte moderno y contemporáneo más academicista muestra claramente el papel que el patriarcado concede a la mujer, la representación de la cotidianidad de ese “ángel del hogar” diseñado por el capitalismo liberal burgués y masculino: salones, habitaciones, muebles, elementos de gran carga simbólica que representan el vínculo que la sociedad patriarcal traza entre la mujer y el espacio personal.

La performance como respuesta: veamos algunas obras

Una visión tan patriarcal y reduccionista del papel de la mujer en la sociedad tiene que ser, necesariamente, contestada por el arte contemporáneo. En este marco, la performance se ha revelado como una herramienta de contestación especialmente ácida y caricaturesca.

– La obra de Martha Rosler, Semiotics of the Kitchen (1975), satiriza la instrumentalización de la mujer, con una estética que bien podría recordar a la de los programas televisivos de cocina destinados al público femenino en los años 70, a través de la presentación (por orden alfabético) de una serie de utensilios de cocina cuya utilidad o finalidad es tergiversada por la artista, quien evidencia el potencial agresivo de herramientas cotidianas como un cuchillo, un rodillo o una taza, mostrándonos la cocina casi como una sala de torturas.

Martha Rosler, Semiotics of the Kitchen, 1975

– La revisión de esta obra, también titulada Semiotics of the kitchen, realizada por Selene States en 2007 mantiene la propuesta performativa original, si bien fija el foco de la lectura en el potencial “provocador” de los utensilios presentados, creando una suerte de semiótica del erotismo vinculada con la cocina, el escenario tradicional del encierro femenino. Para ello, reproduce una estancia ambientada en los años 50. El factor añadido de la interactividad nos muestra a la artista como un títere, a merced de las órdenes dadas por el público por medio del teclado.

– Por medio de la pieza Hurting the washing machine en la que, a lo largo de sus 10 minutos de duración, las artistas Marianna Kafaridou y Lia Lapithi Shukuroglou destrozan una lavadora a golpes con distintos instrumentos tradicionalmente asociados al hombre como martillos o taladros, el colectivo Washing up Ladies propuso en el año 2006 una reflexión sobre la relación de las mujeres con este electrodoméstico, representante de la adaptación de la mujer al dictado social. Las formas de uso de los electrodomésticos que mantienen la atadura de la mujer al hogar (recogidas en los libros de instrucciones) son así cuestionadas, rompiendo el vínculo, precisamente, gracias esos otros instrumentos concebidos para el uso de los hombres.

– En el año 2013, la artista Ana Gesto arrastró, literalmente, el peso de la obligación, de la convención, de lo esperado, en la performance Gesto é Sombra, en la que, seguida de un “séquito”, como si de una procesión se tratara, carga con un elevado número de platos metálicos y una palangana llena de sacos de arroz que completan su escenificación.

– En esa misma línea de trabajo, en el año 2015 el colectivo Til Diacrítico puso en marcha el proyecto Leaving Home para mostrar la brecha entre el peso real que las mujeres tienen en la sociedad y el que se les concede. Esta performance pretendía sacar lo doméstico a la calle en sentido literal, para hacer de lo privado algo público. Para ello, un salón en su totalidad era trasladado a la calle, donde permanecía durante 90 minutos, mientras las artistas realizaban un uso cotidiano de los distintos elementos de la composición ante la mirada de las/os transeúntes.

Proyecto Leaving Home, Til Diacrítico, 2015

Como se puede ver no son pocas las artistas que en los últimos 40 años han utilizado diversas disciplinas artísticas para invitar a la reflexión sobre la imperiosa necesidad de reapropiación del espacio público por parte de las mujeres, liberadas a través de la desconexión con el yugo del hogar, con el objetivo de alcanzar la completa autonomía en la vida institucional, comercial y cultural.

Lorena Arévalo Iglesias