El fracaso como experiencia vital

Fracaso, según la RAE es un “malogro, un resultado adverso, un suceso lastimoso”. Estamos acostumbrados a asociar el fracaso con algo negativo, con eso que no pudo ser, con eso que intentamos y en lo que pusimos tanto esfuerzo, y que al final se malogró. Sin embargo, no olvidemos que nuestra vida está marcada por lo que comúnmente llamamos buenos o malos momentos, altibajos: hay momentos que queremos tenerlos para siempre, y en cambio otros que rogamos no tener que vivir nunca.

El fracaso es una oportunidad para aprender

Hace algunos años en medio de una crisis existencial profunda, una persona muy cercana me dijo “a veces es necesario tocar fondo, para tomar impulso”.  En ese momento me parecieron solo palabras. En retrospectiva, creo que fueron las palabras con más sentido que escuché. Cuando uno está enfocado en lo que perdió, en lo que pudo ser, no se da cuenta de que el fracaso es, también, una oportunidad para aprender, para valorarse, para darse cuenta de que es lo que realmente se quiere, para reinventarse.

Una crisis es condición necesaria para que algo nuevo aparezca. Es lo que nos hace ver cuán resiliente somos, con que armas contamos. Y sí, a nadie le gusta sentir que fracasó, a nadie le gusta sentir que no lo vale, que no es lo suficientemente bueno para un trabajo, un estudio, tener una pareja estable o para lograr sus cometidos. No creo que haya una receta mágica que nos enseñe a sobrellevar el fracaso, lo que sí se, es que del tan temido fracaso se puede aprender… y mucho.

Racionalizar el fracaso ¿cómo?

Una de las cosas que me parecen más útil es poder de alguna manera “racionalizar” el fracaso. No me refiero a pensar una y otra vez en lo que no fue o lo que podría haber sido, sino en bajar el problema a la realidad, buscar pros y contras de la situación. No es tarea fácil, ya que solo veremos por un largo tiempo lo negativo. Y va a doler, mucho. Y vamos a llorar. Y pensaremos que no lo valemos y no podremos lograrlo. Pero un día, al despertar las cosas se verán distintas y poco a poco ese sentimiento se va a ir yendo, muy lentamente. Y con mucho miedo, saliendo lentamente de nuestra zona de confort, vamos a darnos cuenta de que el fracaso nos enseñó a ser fuertes, que lo valemos y que ese dolor no lo que queremos sentir nuca más. Pero acá mis malas noticias, lo volverán a sentir, probablemente muchas veces más, porque las personas valientes, toman el fracaso como oportunidad, aprendizaje y no se dejan abatir. Los “fracasados” intentamos una y otra vez, es una experiencia vital para poder crecer.

Resiliencia

Como dijo Elizabeth Kübler-Ross “las personas más bellas con las que me he encontrado son aquellas que han conocido la derrota, conocido el sufrimiento, conocido la lucha, conocido la pérdida, y han encontrado su forma de salir de las profundidades…” Tenemos mucho poder sobre nuestra mente, nuestros pensamientos, no sobre eventos externos. No se puede controlar todo y, ocasionalmente, se pierde. Pero un tropezón ¡no es caída! Como el nuevo Fénix que resurge de las cenizas, acumula todo el saber obtenido desde sus orígenes, siempre más sabio porque tiene, además, la virtud de recordar todo lo aprendido en su vida anterior. A esta capacidad para resurgir de las cenizas en las personas, se le conoce como resiliencia. Es la capacidad que tenemos todas las personas para reaccionar y sobreponernos de las adversidades y de situaciones complicadas, incluso también, de salir fortalecidos de ellas.

Fracaso, miedo y frustración van de la mano, pero el truco está en poder seguir adelante a pesar de las adversidades. Volverlo a intentar. No se trata de resignarse al destino, sino de aprender de los fracasos, de volver a intentar lo que no se consiguió, enriquecido por la experiencia, y de crecer en la adversidad.

 

Flavia MB