Dormir a tu bebé: el método de Anna Wahlgren a prueba

Desde el momento en el que leí el método de Anna Wahlgren, empecé a jugar con la idea de ponerlo en práctica cuando mi hija cumplió los seis meses. Volví a leer el libro, me informé con detalle en su foro, resumí los pasos mas importantes y me hice apuntes. Pero por miedo a que lo hiciéramos mal, a que la niña gritara y gritara y no se dejara calmar aún siguiendo los pasos del libro, a que le dejáramos un trauma con el tema de dormir, o a que las noches se hicieran peores (porque total no eran tan malas en comparación con las de otros padres que conocíamos) lo fui dejando y dejando. Cada cierto tiempo, cuando las noches volvían a ser peores y pasábamos semanas con muy pocas horas de sueño volvía a mi mente la cura.

Y así, un día, tres semanas antes de que mi hija cumpliera un año, me dio un arrebato y justo antes de meterla en la cama decidí empezar. No me he arrepentido.

Paciencia y aguante

Y ahí estaba yo, decidida, concentrada y expectante. Tumbé a la niña en su cuna sin darle el chupete, la posicioné, marqué el abanico y salí diciendo mi cantilena. Mi hija comenzó a protestar en cuanto mis manos dejaron de tocarla, acostumbrada, como estaba, a dormirse con chupete y agarrada a mi brazo. Pero yo salí decidida. Dejé pasar unos segundos, repetí la cantilena, aguanté un poco más delante de la puerta y entré a calmarla. Repetí de nuevo: posicionarla, abanico y salir con la cantilena. Otra vez, escuchar delante de la puerta, esperar, repetir la cantilena, escuchar y entrar a calmar. Posicionarla, abanico y salir con la cantilena.

Tu bebé es muy list@

En cuanto tocaba a mi hija dejaba de llorar, tenía por lo tanto bastante claro que se trataba de pura protesta.  – ¿Qué haces mamá? ¡Esto no funciona así! – o algo así me imagino que me gritaba. La vez que no se calmó cuando entré y la toqué, usé el knuffen, golpecitos rítmicos en el trasero en un ritmo de cuatro por cuatro. Esta técnica era la que más rompederos de cabeza me había dado, ¿realmente serviría esto para calmar a mi hija en la cuna? Si no funcionaba, todo el método habría fallado. Pero no tardó ni un minuto en volver a calmarse. Yo no salía de mi asombro. Y así seguí. Esperaba delante de la puerta, repetía mi cantilena y cuando veía que mi hija no se calmaba entraba, la posicionaba, hacía el abanico y salía con la cantilena. A punto estuve de abandonar, tras media hora pensé que mi hija no lograría dormirse sola. Pero recordé que la primera vez era la más difícil, que no debía de abandonar y seguí. Cuarenta minutos tardó mi hija en dormirse, pero se durmió por primera vez sola, sin ayuda, en su cuna, acompañada de mi voz y la cantilena. No salía de mi orgullo y tenía gran curiosidad por saber cómo se desarrollaría la primera noche.

En total se despertó dos veces. Algo bastante normal en nuestra hija en ese momento. La primera vez que se despertó, bastó con que repitiera mi cantilena para que siguiera durmiendo y la segunda vez tuve que repetir el proceso de cantilena, entrar, posicionar, abanico y salir. Esta segunda vez tardó ya sólo veinte minutos en volver a encontrar el sueño ella sola. Y aquella noche durmió sus doce horas sin que tuviera que darle el biberón.

La evolución en su sueño: la hora de la verdad

A lo largo de los días siguientes mi hija lograba dormirse cada vez más rápido sola. Todavía con bastante protesta, pero con mejora constante. Se despertaba menos veces durante la noche y se dejaba tranquilizar rápidamente con la cantilena. Tras sólo tres noches durmió por primera vez doce horas de tirón. No me lo podía creer.

No todas las noches que siguieron a esa primera noche fueron perfectas, pero incomparablemente mejores a las que teníamos antes. Ahora cuando mi hija se despertaba yo gritaba mi cantilena desde mi cama y seguíamos las dos durmiendo. Antes me tenía que levantar, darle el biberón, cogerla en brazos, acunarla y esperar a que se durmiera en mis brazos antes de poder volver a dejarla en su cuna. Todo un proceso podía durar entre diez y cuarenta minutos.

Hace sólo tres semanas que empezamos con la cura del sueño de Anna Wahlgren y nuestra hija no sólo ha dormido innumerables veces de tirón toda la noche, ha olvidado por completo su chupete y ha aprendido a volverse a dormir con la cantilena; sino que hoy, además, la he acostado, posicionado, hecho el abanico y salido, ¡y no ha protestado ni una vez!. Por primera vez he salido de la habitación acompañada de silencio. Mi hija se siente segura en su cuna y espera tranquila y sosegada a que le entre el sueño. No hay sensación más maravillosa para una madre primeriza que poder enseñar a tu bebé algo tan placentero como es el dormir.

Elena Santillán Walter